viernes, 31 de diciembre de 2010


“Pesada lápida sobre mis parpados,
cenizas en mis ojos y el azul antiguo,
el abra del azur y la oración
en lo abierto definitivamente cerrado
de los túneles del insomnio
donde las ratas danzan su ritual de pestes
y exterminio. El viento que antiguamente
me abría al infinito, las manos espejos
de las aguas más claras y profundas,
la piel de aquel que amé en sueños,
todo enterrado bajo la pesada máquina
de la muerte que aún pasea en
las silenciosas calles de la soledad
a las que nos condenó amarnos…”

jueves, 23 de diciembre de 2010


Quiero que me lleves
por dulces caminos
que mi piel encuentre
excusa o motivo.

Que me sofoques
que me enciendas,
que me desees
y me tengas.

Que me saborees
que me vuelvas loca,
quiero derramarme
muy suave en tu boca.

Quiero que tu lengua
sutil, pervertida,
invente un camino
de saliva vertida.

Quiero que me mires
de esa forma loca,
que me beses los labios
y ser quien te toca.

Quiero que muy fuerte
abraces mi espalda,
que derrames tu escencia
en cada bocanada.

Quiero que me sientas
asida a tu cuerpo,
que consumas mis sentidos
y aceleres mis latidos.

Quiero que tu aroma
me lleve prendida
como loba en celo
que gime y transpira.

Quiero que esta noche
no me trates suave
y quiero ser la puta
que goza y te lame.

Quiero que me hagas
todo lo que quieras,
que me faltes el respeto
y que todo lo veas.

Quiero que te sientas
perdido y loco
por que tú me tienes
como ningún otro.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Proclamo pronombre propio





Provoca mi proyecto la tuya protuberancia pronta

Que penetra mi pretil con precisión perfecta.

Produces pragmáticos programas en mi pronta prisa

Que proclama mi protalo con premura prima.

Y profanas mi presencia con la tuya divina

del premio primero de tus prontos prácticos.

Y premiso mi prosa con perfecta pruina

Y proverbio con prisa mi premura prona.

Probas mi prado con tu preámbulo primo

Y proteo tú eres en la premura prístina.

Provocador de mi pronaos y mis promesas prestas

Profusa practico mi protesta propia

Y propongo productos de profetas profundos.

Prefijas prensas en la premura pronta y provees

De primaveras a mi profecía profesa.

Practicas principios en tu provecta presencia

Y hallas prisas en mis pragmáticas probetas.

Y la presunta presura de mi presea primera

Que entrego con prisa a tu prez pronto.

Provee de prados a tus productos blancos

Mientras proyecta prismas en tus florecidos prunos

Y promete ser presa de tu privada prenda.

viernes, 24 de octubre de 2008

Condenado





jueves, 23 de octubre de 2008

Amor condenado


Tus manos claras, tu mirada llena,
tu sonrisa leve y tu alma incierta.

Tu boca roja, tu voz profunda,
tu llanto frío y tu pasión despierta.

Tu cuerpo herido, tu Dios mendigo,
tu pecho tibio y tu muerte eterna.



Déjame ser el puerto de tu barcaza
y la bahía clara de tus entrañas
Déjame ser la luz de tu ventana
y la esperanza cierta de tu mañana
Déjame encontrarte en tu desdicha
y ser yo misma la que te salva…





Romance de la Loba Blanca

Romance de la Loba Blanca



Hundida en un infierno
la oscuridad cubría todo,
caminé sin saber dónde
fundiéndome con el lodo.
Mi alma abandonada
y mis botas desgarradas,
apenas si soportaban
el andar que desandaban.
A lo lejos pude verlo
un pueblo como dormido,
y en su entrada la tristeza
del dolor como aguerrido.
No pude evitar saberlo
allí todo era misterio,
y las caras de las gentes
descubrían sus inviernos.
Tras un muro de lágrimas
en la niebla y el espanto,
una multitud de locos
me bañaban con su llanto.
Los niños ya no vivían
los hombres recuerdos eran,
las mujeres en sus tumbas
lloraban por sus quimeras.
Supe entonces me buscaban
y como ninfa dormida
las notas que yo guardaba
brotaron de su guarida.
El viejo violín a cuestas
sus acordes resonaba,
y por las calles desiertas
mi música retumbaba.
En el horizonte llano
una gran horda pude ver,
que despertaba mi canto
y arrasaba por doquier.
Más imposible era acallar
de mi garganta sonidos,
que desde el fondo del alma
nacían como rugidos.
Fue entonces cuando les vi
cientos o miles de bestias,
parados allí delante
con sus miserias a cuestas.
Mi estoque reluciente
en la mano aferrado
y cubríame yo el pecho
con mi escudo sagrado.
Al avanzar la estampida
polvareda levantaba,
sembrando horror y muerte
entre quienes enfrentaba.
Supe entonces mi coraje
no sería suficiente,
y que quizás esa noche
fuese yo la penitente.
Más nada me detenía
avancé lento y sin prisa,
como sintiendo en mi piel
del viento la suave brisa.
El rojo río de sangre
bajaba hasta la cañada,
y las bestias festejando
sus dos armas levantaban.
Más no contaban conmigo,
yo, la Esperanzadora
que los aguardaba sola
con mi mano ejecutora.


Todos ellos me rodearon
y sus risas esbozaron,
pues me creían vencida
ante sus manos impías…
De pronto como un rezo
mi voz se hizo silencio,
donde sólo se escuchaban
un corazón y un lamento.
Fue ahí cuando del cielo,
las mil espadas cayeron
como gotas de diamante,
dando su golpe certero.
Más el milagro Divino
no bastó en aquel encuentro
ya que expuesta y vencida
me encontré en un momento.
Fue entonces cuando supe,
que no bastaba la Gloria
y que parte de la Historia
moriría en mi memoria.
Esa historia ya contada,
que mil veces repetía
en tabernas y barracas
hasta la monotonía,
se hizo carne de pronto
ante mi voraz mirada
que no podía distinguir
entre la Loba y la Espada.
Y rompió el silencio eterno
en que me creí vencida
con el aullido sagrado
de su alma adormecida.
Fue así que una a una,
las bestias allí cayeron
dejando como testigos
a los otros que murieron.
En sus ojos pude ver
quién era que me salvaba,
y en su mirada eterna
supe que me esperaba.
A una cimitarra asidas
las sus dos manos tenía,
y sobre sus hombros anchos
la luz de la hidalguía.
Anduvimos senderos juntas
hablando de la memoria,
de los héroes olvidados
y la tierra sin historia.
De pronto en un segundo
como atravesando el viento,
dejó ante mí al mundo
sumido en un lamento.

Desandé varios caminos
entregada a la locura,
esperando mi regreso
me devuelva la cordura.
Te presiento amado mío
en las noches esperando,
y escucho de tu alma
el llamado sollozando.
Y te veo solitario
huyendo de la mañana,
intuir mi cercanía
a la luz de tu ventana.

martes, 31 de julio de 2007


He-Wolf



Apenas amanecía sobre los campos vírgenes. Hasta el más verde de los juncos parecía bañanse de anaranjado en el comienzo de aquel día. La tensa calma reinaba en los valles como agazapada esperando el momento exacto de la inevitable batalla mientras una turbia niebla todo lo cubría y en el horizonte...nada.

Escapaba el sol de su guarida y dejaba percibir sutilmente el aroma de la muerte que allí en poco tiempo tendría su sangriento festín.

Al norte se ubicaban las hordas acechando como esperando el instante perfecto para liberar toda su furia encarcelada hacía décadas. Cientos, quizás miles de ellos construían con inquietante exactitud el esquema perfecto de la contienda en sus mentes muchos sin siquiera saber porqué otros convencidos de que en frente a ellos sin dudas se hallaba el enemigo.


Unos doscientos metros al sur el aliento de mis guerreros me rodeaba, sus armaduras resplandecían bajo la luz de la mañana y sus manos blandían con hidalguía la historia de sus espadas. Uno a uno les miré a los ojos, murmuré su nombre y fueron percibiendo en mi rostro la esperanza que en sus almas depositada estaba.

Cuando el suelo comenzó a temblar le vi delante...Su piel blanca y su mirada clara parecían enmudecer el ruido de la estampida que se acercaba. El lomo arqueado y la cabeza gacha, las patas marchando al ritmo de su respiración y la boca semiabierta dejando escapar el calor de su cuerpo platinado. Dio la vuelta, caminó adelante y como si desde siempre hubiese sido nuestro guía marchamos todos al compás de sus pasos.

Ensordecedora maraña de bestias atacando, ríos de sangre cubriendo el suelo fértil, amigos muertos a mi lado, espadas vencedoras y vencidas aferradas a dedos trémulos y vigilantes y el olor... ¡Maldito aroma del aniquilamiento temprano que intentábamos esquivar con cada movimiento! ¡ Sabia danza del frío metal sobre nuestras cabezas y cientos de lágrimas del cielo, oportuno llanto de los Dioses que veían caer uno tras otro a sus soldados en impías manos de impías bestias asesinas!

Imponente sobre el otero estaba él, erguido, observando. La lengua rosada y blanda apenas agiitada y la garganta lista para liberar su más poderoso aullido.

Todo eran ayeres sin mañanas e historias sin finales y apenas algunos agonizantes héroes se revolcaban, aferrados a un delgado hilo de vida en el barro escarlata que los cubría.
Aún en pie, en mi boca el sabor amargo de la derrota saboraba...¡Pero si habíamos dado todo, si éramos únicos y adalides, si ninguno era menos que Santo aquel día...!

Cuando sentí el frío del acero en mi cuello mis ojos se nublaron y mis rodillas se quebraron...


-¡El general, El General!- Gritaban los engendros con su estúpido orgullo en tanto que mi cuerpo tendido sobre los restos de otros formaba parte del fin de la batalla.

Recuerdo que lentamente giré mi cabeza hacia la colina y él ya no estaba sino que desde allí yo mismo me veía desangrar gota a gota entre las botas de los vencedores teñidas con el rojo brillante de mi sangre . Recién ahí pude gritar con fuerza, agradecí a mis Dios y maldije a mis demonios, bendije las almas de mis hombres y a mis Sagradas Tierras y todo en casi diez palabras que como si desde siempre hubiesen estado allí buscando la salida emanaron desde mi garganta como un aullido pavoroso y verídico, llegando desde mis entrañas hasta los cielos que temblaron al escucharme.

Mi cuerpo yacía sin vida en la ladera pero el General, el General no había muerto.